El amor es una de las dimensiones humanas que más interés ha generado a lo largo de la historia, tanto en las artes como en las ciencias. Para muchas personas el tener una pareja y sentirse amadas es una de las principales fuentes de motivación de sus vidas. En el fondo todas las personas deseamos amar y ser amadas, ya que es una necesidad básica de seguridad, autoestima y pertenencia.

Aunque parecen lo mismo, el amor y el enamoramiento no son la misma cosa. El enamoramiento es un fenómeno mucho más puntual en el tiempo cuyo proceso suele durar apenas unos meses mientras que el amor es un sentimiento que se prolonga en el tiempo.
Principalmente el enamoramiento se basa en una tensión cuyo origen es la incertidumbre sobre lo que va a pasar con la otra persona y la idealización de esta, ya que al principio de la relación no conocemos como es. Así que, enamorarse es un fenómeno irracional y basado en las emociones que aparece de repente, muchas veces sin que lo hayamos previsto. En cambio, el verdadero amor va más allá, es un estado profundo en el cual nos miramos y miramos a los demás.
Para que el amor perdure en el tiempo hay que mimarlo cada día, si no nos arriesgamos a que se pierda la ilusión. Además hay algunas creencias que pueden contribuir a que la relación se resienta:
El amor está ligado al contexto y si la situación que vive la pareja no es la más propicia, el vínculo amoroso se irá debilitando. Por ejemplo, si tenemos unas jornadas laborales agotadoras, será más difícil dedicar tiempo a la pareja lo que generará un desgaste que a la larga acabará terminando con la relación.
El amor conlleva alegrías pero también sacrificios, como tener menos tiempo para uno mismo, invertir en gastos comunes o exponerse más a situaciones de conflicto. Si este desgaste se le une la monotonía que conlleva el paso del tiempo en la relación, las mismas costumbres, los mismos hábitos, esto puede acabar generando frustración.
La rutina diaria y la vida en pareja hacen que no sea muy difícil convertir los problemas de comunicación en problemas crónicos y que acaben generando malentendidos importantes.
Es importante amarse a uno mismo para poder amar a los demás. Cuando tenemos un amor sano y amplio es mucho más fácil encontrar una relación de pareja satisfactoria y duradera.
El amor se acabará cuando uno o los dos deje de trabajar en la relación o deje de creer en ella. Romper una relación es un proceso que será doloroso para ambos miembros de la pareja. Los sentimientos pueden ser muy fuertes y contradictorios. La persona que decide dar el primer paso es posible que se sienta aliviada, pero también culpable mientras que la otra persona puede sentir traición e incluso su autoestima verse afectada.

En las separaciones de pareja suele haber varias etapas. Es importante saber que no todo el mundo tiene porque pasar por todas, pues son muchos los factores que puede afectar el proceso de separación y la manera de afrontarlo es diferente para cada persona.
Tomar la decisión de dejar una relación no es fácil y hay que valorar los pros y los contras antes de hacerlo, es bueno tener un tiempo de reflexión y asegurarse antes de dar el paso, la impulsividad, la rabia o la tristeza no nos dejan decidir bien. Hemos de ser conscientes que pasaremos una etapa de duelo hasta que nuestra vida vuelva a reestructurarse. De todos modos, de una ruptura se puede aprender, y aunque se tenga miedo a la soledad, es un proceso del que la persona puede salir fortalecida.
El amor es un camino largo y puede ser en ocasiones complicado pero, a veces, acabar con la pareja significa mantener un poco de amor entre los dos aunque sea de manera diferente, si forzamos mucho la situación podemos acabar rompiendo lo que queda para siempre.